LA ORACIÓN: un Viaje sin Distancia de La Mente al Corazón

ESTIMADOS LECTORES Y LECTORAS: MI SER DIVINO SALUDA AL DE USTEDES.
CARMELO URSO

 

LA ORACIÓN: UN VIAJE SIN DISTANCIA DE LA MENTE AL CORAZÓN
 
Carmelo Urso: Hermano Carlos, haznos un pequeño retrato de tus orígenes: tu ciudad y país natal, tus primeros años, tu cuadro familiar, qué profesión estudiaste, qué haces en la actualidad.
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Nací y me crié en Caracas, Venezuela, hasta los trece años de edad cuando mi vida tuvo un giro impresionante y fui trasladado a Francia, en virtud de que mi madre obtuvo una beca para realizar un post grado en Derecho del Ambiente. Allí, viví en dos ciudades hermosas, Besançon y Estrasburgo, de cuya experiencia quedaría impactado de manera positiva el resto de mi vida, ya que en ellas experimenté el paso de la niñez a la adolescencia. Recibí mucho afecto de mis abuelos maternos quienes velaron por mí en los primeros años de vida ya que soy hijo de padres divorciados, ambos de profesión abogado. Estudié Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela, vocación que me viene desde temprana edad debido a que me gustaba leer mucho. Creo que alrededor de los 14 años – cuando aún vivía en Francia- ya deseaba ser periodista debido a la admiración que llegué a sentir por los escritos periodísticos y literarios de Gabriel García Márquez.
Carmelo Urso: Carlos, hablemos de un hábito que ha signado tu vida espiritual en los últimos años: la oración. ¿En qué época de tu vida te interesaste por ella? ¿Comenzaste a practicarla dentro de la religión formal o por tu cuenta? ¿Qué te atrajo de ella sobre otras disciplinas espirituales?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Lo primero que quisiera decir es que antes de irme a Francia, estudié en el Colegio del Ave María, institución de orientación católica. Por supuesto, allí se nos inculcaba el hábito de rezar en las mañanas antes de comenzar con las actividades académicas de la formación primaria. Estamos hablando que esta práctica quedó internalizada en la edad comprendida entre los seis y los doce años de edad. Recuerdo que solía rezar en las noches antes de acostarme a dormir y pedir bendiciones para aquellas personas de mi entorno más cercano: familiares, amigos y hasta vecinos de la urbanización donde vivía. Es decir, en aquella época ya combinaba la oración formal católica que incluía rezar el rosario (un número determinado de Aves María, un Padre Nuestro, un Gloria al Padre y un Ángel de la Guarda) y la Oración del Corazón de la cual brotaban palabras espontáneas. El ambiente católico me fascinaba hasta tal punto que una de las experiencias que más me tomé en serio fue la preparación de mi Primera Comunión.
Carmelo Urso: ¿Qué es para ti la oración? ¿Es una técnica o una experiencia? ¿Sigues algún método particular o generaste tu propia y singular dinámica de oración?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: A medida que crecía, fui abandonando tales prácticas espirituales. Creo que en un momento de mi vida, cuando empecé a sentirme abrumado por problemas de índole familiar que generaron grandes angustias existenciales, perdí todo interés por la oración ya que no le encontraba ninguna utilidad. También empecé a percibir las incongruencias entre lo que se pregonaba en el Colegio y lo que se practicaba. Esto a temprana edad crea una confusión en la cual relacioné la religión o comunión con Dios (tal como lo entendía en aquel entonces) y las personas de autoridad encargadas de impartir formación religiosa. Entonces, comencé a buscar “refugio espiritual” en ideologías políticas –sobre todo de izquierda- , búsqueda que fue estimulada por mi padre quien comulgaba con dichas ideas. Es bueno decir que mi padre, quien quedó huérfano de padre y madre a temprana edad, jugó un papel importante en mi vida debido al afecto y a la admiración que llegué a sentir por él. Su actitud fue siempre antirreligiosa debido a que se crió en un orfanato dirigido por sacerdotes católicos alemanes, extremadamente severos.
Se produjo en mí la sustitución de la religión formal por la “religión laica”, ya que lamentablemente en eso convertí dicha búsqueda. Creo que lo que me movía era una mezcla de resentimiento y la esperanza de encontrar un Orden Superior en mi vida. Una vez que no hallé dicho Orden a través de las ideologías políticas empecé la lectura de tratados de psicología entre los cuales destaca Freud, muy admirado por las personas que comulgan con las ideas de izquierda, quizás por las ideas irreverentes que difundió en vida. Para aquel entonces ya estaba en la universidad y contaba con 23 años de edad. Sin saberlo, de alguna manera, comenzaba mi “viaje de regreso” a la espiritualidad.
Carmelo Urso: ¿Oras a un Dios personal o impersonal? ¿Le ruegas como a un padre o madre amoroso o intentas vincularte al Ello como una Fuente de Energía Divina?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Si decidí sustituir ideas de índole religioso por unas de tipo político es porque de algún modo el arquetipo de Dios había muerto en mí. Lo primero que hubo que hacer fue recuperar la idea de Dios o de Lo Superior que había desaparecido durante la infancia. Pero este proceso no ocurre de manera racional sino después de un proceso doloroso en el cual me dí cuenta que todas las ideas que había albergado de cómo ser feliz no habían funcionado. Esto se produjo cuando tuve mi primer colapso que me llevó a la depresión a la edad de los treinta años. Todos los mecanismos humanos que había ideado de cómo alcanzar el bienestar personal se derrumbaron. Y entonces, de manera inesperada, surgió la oración… es decir el deseo de pedir ayuda a un Poder Superior a mí. El arquetipo de Dios que había tenido en la infancia era el de un padre amoroso. Con el tiempo, llegué al conocimiento de que Dios es literalmente TODO: situaciones, acontecimientos, sincronicidades así como transformaciones profundas de mi ser y de mi entorno.

Dios es Todo
Dios es Todo

Carmelo Urso ¿Oras por cosas concretas como la obtención de una casa, un vehículo y demás bienes materiales? ¿O te abandonas al fluir sobrenatural de la experiencia divina y pides al Uno que te oriente sobre lo que más te conviene?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Qué bueno que me haces esa pregunta. Porque pareciera que no siempre ha sido así. La oración proviene de un estado en cual me he sentido necesitado o desamparado. Por lo tanto, las oraciones siempre van dirigidas a pedir que mis necesidades sean cubiertas. Entre estas cosas están las de índole material como obtener vivienda, vehículo, pareja y/o oportunidades de empleo, etc. Pero también oro por cosas que no parecieran concretas como pedir Sanación y esclarecimiento de la mente que a mucha gente no le parecen “concretas”, pero de las cuales depende nuestra prosperidad económica. Pocas personas relacionan sanidad espiritual con aumento de sueldo u oportunidades de trabajo. Piensan que son cosas separadas.
En mi caso, la oración me ha llevado a superar mis miedos y fobias más profundas las cuales me habían impedido avanzar en todas las áreas de mi vida. Estos atascos o estancamientos son los indicadores externos que me han conducido a solicitar revelación de qué es lo que debo pedir al orar. Parto de la premisa de que Dios pone tanto el Querer como el Hacer. Por esta razón, pido a Dios que me invite ante Su Presencia para tener intimidad con Él. Para que el encuentro se produzca desde los más profundo de mí. Para que yo sea total en el acto de comunicarme con Lo Superior.
Cuando requiero sanar pero no sé exactamente qué aspecto de mí, la exclamación que utilizo para dirigirme a Dios es “Dime qué te debo pedir sanar para que Tú me sanes y erradiques esta enfermedad de mí”. No hay un tiempo determinado en el que Dios decide dar su Respuesta. Puede ser de manera inmediata o mucho tiempo después que se me revela lo que debo pedirle. Luego le pido “Sánalo y Erradícalo” para agradecerle inmediatamente la Liberación.
Las experiencias cotidianas me han llevado ante situaciones que aparentemente son absurdas desde el punto de vista humano y que requieren una Visión Superior para poder ser entendidas por mí. Mediante la oración, se me ha provisto de discernimiento de la solución del problema y un conocimiento de mí mismo que no tenía hasta ese momento.
Pienso que como la compresión de la vida siempre superará mi entendimiento -es decir todos mis cálculos mentales- acostumbro siempre a pedir Guía para saber qué hacer, qué decir o hacia dónde dirigirme ante determinada situación. En momentos de angustia o desesperación, las expresiones “Sálvame” o “Ayúdame”, provenientes de lo más profundo de mi ser son el clamor con el cual me conecto con Dios invocando amor y protección.
En períodos de gran confusión pido a Dios sanar y erradicar de mí todos los obstáculos mentales o sistemas de pensamiento que impiden que se haga Su Voluntad que expresa la solución ante un dilema de una manera infinitamente mejor e impensable desde mi nivel de conciencia para ese momento. “Sólo Tú Sabes la Solución” es la frase invocada por mí en el cual reconozco todo poder más allá de mi percepción.

"Dios, sólo Tú sabes la solución"
"Dios, sólo Tú sabes la solución"

Cuando aún mis inseguridades personales son tan grandes que no me permiten llevar a cabo ciertas labores en mi sitio de trabajo le pido orientación y sabiduría para realizar la tarea. En este caso, la expresión que utilizo es “Dios hazlo Tú por mí” y la experiencia nunca me ha fallado.
Otro aspecto importante de mi relación con Dios es la oración por los demás, en especial las personas más cercanas afectivamente. También allí pido a Dios que me invite a su Presencia. La expresión que utilizo es “Dios mío, ponme a orar por…”, “Sólo Tú sabes lo que más le conviene” o “Dale Guía tal como Tú me la has dado a mí” para que sea una petición genuina.
Mientras más oro más sé qué es lo que quiero, y de esta manera, puedo especificar el propósito de mi oración. Cuando la confusión me envuelve y no sé qué solución pedir ante un determinado problema suelo exclamar internamente “Pon Tu Orden Divino”, “Da Tú el primer paso” o “Tú sabes lo que más me conviene”. Esta última expresión la utilizo de manera repetida, pero bien sentida en mi corazón, cuando estoy ante una encrucijada en la cual desde el punto de vista humano no existe la solución inmediata. No hay ningún día que no Le pregunté cuál es mi propósito en esta vida y qué debo hacer en este día.
 

 "Mientras más oro más sé qué es lo que quiero".
Ibarra Castellanos: "Mientras más oro más sé qué es lo que quiero".

Me ha sucedido encontrarme en sitios de trabajo donde la autoridad (jefes) no saben qué hacer o qué tareas designarme ya sea por falta de preparación o por incapacidad. En ese caso pido a Dios que emane de mí su Orden Divino que se traduzca en orden externo y clarifique exactamente cuáles son mis funciones. Que sea Él el que cree mis funciones. El desorden sanado y erradicado de mi interior genera un acomodo de las situaciones externas lo cual produce paz.
Recientemente, descubrí en mi vida por intuición la oración de Adoración y Alabanza. En ella doy gracias a Dios por todas las manifestaciones y obras que ha realizado en mi vida. En un plano profundo, a través de este tipo de oración reconozco que la única Realidad que existe es Dios, razón por lo cual es a Él al único que debo acudir en todo momento. No hay nada que escape de su control.
No puedo dejar de pensar que la casi totalidad de circunstancias problemáticas o sin sentido que han rodeado mi vida han provenido de situaciones inacabadas de mi pasado. Por tal motivo, cada vez que pido sanación no estoy pidiendo otra cosa que Abolir el pasado, psicológica y espiritualmente, el cual me ha impedido vivir el presente de manera total.
Finalmente, deseo expresar que en algún momento de mi vida le pedí a Dios poder comunicar a los demás mi experiencia sobre la Oración. Ese momento fue provisto por Dios (la Fuente) a través de esta entrevista que mi amigo Carmelo Urso (el canal) me està realizando en este momento. Doy inmensas gracias por esta oportunidad.
Es hora de hacer un receso en este profundo diálogo que hemos sostenido con nuestro entrañable amigo (y compadre) Carlos Jesús Ibarra Castellanos. El próximo lunes, continuarán sus consideraciones sobre ese viaje sin distancia que hacemos de la mente al corazón cuando nos involucramos en el acto de orar. ¡Hasta entonces! Carmelo Urso: ¿Cómo transcurre tu dinámica de oración? ¿Adoptas alguna postura física en particular? ¿Requieres silencio, soledad o te sirve cualquier espacio? ¿Cuántas horas puedes pasar en estado de oración?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Como te dije, antes de orar pido a Dios que me invite a entrar en Su Presencia. Acostumbro a comunicarme con Él acostado en la cama. Requiero de silencio, de oscuridad en el cuarto y de soledad. Como es una experiencia Divina, no soy yo quien decide cuánto tiempo debo entregarme a ella. Puedo pasar un día o dos seguidos, en los cuales sólo me detengo para satisfacer mis necesidades fisiológicas como comer o ir al baño. Oro de esta manera siempre y cuando las responsabilidades me lo permitan.
Las horas más importantes para orar son las primeras de la mañana cuando acabo de despertarme. En ese momento, la mente está en un estado silencioso que facilita la comunión con Dios. Además, porque trae revelación -ya sea a través de sueños o mediante la intuición. Por esta razón, también oro de tarde o de noche pidiéndole a Dios que manifieste sus respuestas a través de sueños, los cuales he tenido de todo tipo: los que me revelan situaciones del inconsciente, los telepáticos que dan información de algo que está pasando en otro sitio a otra persona pero que me concierne y los premonitorios que revelan situaciones del futuro.
Hay que personas que pueden preguntarse por qué hay que pasar tanto tiempo en oración. Esto se debe a que es necesario llegar a lo más profundo del ser en el acto de orar. En la oración prolongada se produce la transformación auténtica no sólo de mi ser sino de las situaciones adversas que hasta ese momento habían predominado. Hay temores, inseguridades, fobias y otros estados negativos de la conciencia que requieren más tiempo para ser erradicados. Sin embargo, no interrumpo la oración de manera abrupta a menos que haya una urgencia que atender, lo cual sucede muy pocas veces suceden. Los momentos más profundos de oración suceden cuando estoy en mi habitación, pero ocasionalmente pueden suceder mientras realizo un viaje dentro o fuera de la ciudad.
Carmelo Urso: ¿Oras de manera audible o silenciosa? Mentalmente, ¿pones palabras a tu oración o tratas más bien de sintonizarte a un determinado estado de certidumbre o bienestar interno? ¿Tienes escrita o predeterminada alguna plegaria o más bien fluyes según tu estado de ánimo?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Generalmente, le pido a Dios que ponga en mi mente y corazón qué debo pedir o por quién debo hacerlo. La oración en mí ya proviene desde adentro. Es como el hambre o la sed que debe ser saciada de inmediato. Mi oración es silenciosa, la comunión con Dios en mi caso no requiere tanta palabrería. Lo que requiere es que sea sentida desde lo más profundo de mi ser, desde mi totalidad.
Carmelo Urso: Hay practicantes de la oración que opinan que cualquier actividad mundana (correr, cortar el césped del jardín, cocinar, pintar un cuadro, arreglar el motor del auto) puede ser transformada en oración. ¿Qué opinas tú de ese punto de vista? ¿Forma parte de tu experiencia personal?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: A parte de encerrarme en mi cuarto para orar una de las cosas que me conectan con Dios es caminar. Me fascina caminar lo cual me produce una gran relajación. Caminar no sólo dentro de un circuito (un parque o un estadio) sino también por las calles de la ciudad.
Porque así como le pido a Dios tener intimidad con Él, ocurre el proceso “inverso” en el cual Él quiere intimidad conmigo y derramar su Bendición. Esto puede suceder en cualquier momento y uno de ellos es cuando duermo. La telepatía, la intuición y la precognición a través de sueños constituyen una comunión que ha elevado mis niveles superiores de la conciencia al cual he sido invitado para sanar y madurar
Otra de las situaciones que yo también considero una forma de oración efectiva y que produce resultados casi inmediatos son las conversaciones con mis “compañeros de viaje” en la senda espiritual. Ellos son las personas que se han convertido en mi auténtica familia en sustitución de mi familia consanguínea.
Las conversaciones que suelo sostener contigo (Carmelo) tienen esta característica y es por eso que siempre que sé que nos vamos a reunir me encomiendo a Dios para pedirle Revelación y Sanación, las cuales se producen casi de manera instantánea a través de nuestros diálogos.
Carmelo Urso: ¿Qué opinas del Padre Nuestro, la oración por antonomasia de la cultura occidental? ¿Tienes alguna interpretación íntima de esta plegaria ancestral?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Sí, tengo una interpretación íntima con el Padre Nuestro. Es probable que haya una conexión afectiva con esta oración la cual fue parte de mi formación durante mi infancia. Años después cuando la retomé y busqué su significado comprendí que en ella se encuentra lo esencial para comunicarnos con Dios.
En ella reconocemos quién es el Autor (“Padre Nuestro que estás en los Cielos”), pedimos que el Ser Supremo sea bendecido (“Santificado sea tu Nombre), que Su Gloria y poder descienda sobre nosotros (“Venga a nosotros tu Reino), que sea haga su Voluntad que es siempre lo mejor y que no seamos obstáculo para que se cumpla (“hágase Tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo), que nuestra provisión emocional, afectiva, espiritual y material nunca nos falle (“danos el Pan nuestro de cada día”), pedimos la corrección de nuestros errores (pecados) (“perdona nuestras ofensas así como también perdonamos a quienes nos ofenden), que no perdamos el Norte y propósito de nuestras vidas (no nos dejes caer en tentación) y finalmente, que nada malo nos ocurra (“y líbranos de todo mal, amén).
Suelo repetirla pero en estado de meditación profunda varias veces. Me ocurre que es una necesidad hacerlo de esta manera. No es una “vana repetición” como la Biblia dice que no lo hagamos. Porque no es un acto mecánico sino poderosas palabras que pido sean internalizadas en instantes de comunión con Dios. Puedo repetirla en momentos de alegría o de angustia invocando protección y conexión con Él.
Carmelo Urso: ¿Qué le recomendarías al lector o lectora de Iberoamérica que recién se inicia en la oración?
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Que no dejen de buscar la Verdad la cual sólo puede ser hallada dentro de uno mismo. Para ello es fundamental la relación que se tiene que desarrollar con Dios, con Lo Superior, con Lo divino o con el nombre que le quiera dar a “eso” que puede “Ver” más allá de nosotros, del tiempo y del espacio. Es fundamental leer mucho. Se me hace muy difícil ayudar a personas a salir de sus atascos (psicológicos y espirituales) si no buscan información necesaria. Hoy en día gracias a Internet podemos encontrar no sólo material escrito sino también audiovisual de diversas orientaciones psicológicas y espirituales.
Carmelo Urso: Menciona 5 libros que pudieran ayudar al buscador espiritual ha acelerar su proceso de despertar y conducirlo por el amoroso sendero de la oración.
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: Esta respuesta no es nada fácil de responder porque los intereses íntimos de cada persona son distintos. A veces sucede que quieres recomendar un libro a un amigo del cual obtuviste un resultado favorable en tu vida, y te das con la sorpresa que ni siquiera tiene intenciones de leerlo. Creo que fue en la película “Huracán” con el actor Denzel Washington que escuché una frase que nunca olvidaré, la cual decía más o menos textualmente: “no sólo las personas escogen a los libros sino que también son los libros que escogen a las personas”.
En mi caso ha sido esto último. Creo que a muchos nos ha pasado que compramos un libro hoy, y no es sino años más tarde cuando lo leemos y nos revela una gran verdad. Literalmente “nos estaba esperando”. Estaba allí aguardando a que pidiéramos respuesta a un asunto en específico. En un artículo que tú y yo escribimos el cual titulamos “La Biblioterapia”, el cual está publicado en este portal web http.carmelourso.wordpress , hicimos unas recomendaciones de los libros que sentimos nos habían marcado más. Aún las tengo como válidas aunque sabemos que esos libros no son los únicos que produjeron o generaron grandes transformaciones en mí. En el tema específico de la oración fue una experiencia que me sucedió como una necesidad imperiosa y no que yo la haya buscado para “recrearla” mediante la vía intelectual.
Sin embargo, quiero aprovechar esta oportunidad para reconocer la influencia en mi sanación y reconexión espiritual a lo largo de casi veinte años de algunos autores. Entre ellos, destaca la obra de Wayne Dyer, Connie Méndez, Deepak Chopra, Lair Ribeiro, Louise Hay, Antonio Blay, Osho, Jorge Luis Borges (su obra literaria me enseñaría que mis cinco sentidos no son suficientes para entender la realidad), Marianne Willianson, Eckart Tolle y el Curso de Milagros. Así mismo, las eternas referencias de Jesús y Buda, cuyas guías serán siempre requeridas por mí y por gran parte de la humanidad.
Carmelo Urso: Cualquier otra cosa que quieras manifestarle a los lectores y lectoras que nos dispensan su atención en ambas orillas del océano
Carlos Jesús Ibarra Castellanos: A veces, cuando caigo en el desánimo, suelo pensar que no ha habido cambios sustanciales en mi vida. Sobre todo en los últimos diez años. Pero, recientemente, decidí escribir para mi mismo un artículo para ver los progresos que la oración había producido en mí. Su título es “No podía vislumbrar...”. Se trata de un ejercicio psico-espiritual en el cual recapitulo los diez últimos años de mi vida. Por ejemplo, el año pasado “no podía vislumbrar que este año 2009 conocería a determinadas personas” o en que el año 2007 “no podía vislumbrar que en el 2008 haría un viaje al extranjero que significaría un gran progreso”. El resultado fue impresionante porque se puede apreciar los innegables avances en todas las áreas. Recomiendo hacer este ejercicio que los hará impulsar a desarrollar una inmensa pasión por la oración. Para finalizar, agregaría que no podía vislumbrar en el 2008 me harían en el 2009 una entrevista sobre la experiencia que ha transformado completamente mi vida: la Oración.
 
Carmelo Urso
entiempopresente4@gmail.com

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Carlos Jesús Ibarra Castellanos
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